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Avenida Víctor Jara: Los efectos desconocidos del cambio de nombre de la calle

Desde la modificación de boletas comerciales hasta el mejoramiento de las condiciones del sector, la nueva denominación sí produce repercusiones concretas producto de un acto tanto simbólico como administrativo.

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  • Belén Muñoz

  • Viernes 8 de octubre de 2021 | 09:27

Con la canción “Manifiesto” de Víctor Jara de fondo, interpretada por Jorge Cullon, músico del grupo nacional Inti Illimani, se llevó a cabo la ceremonia de inauguración de la avenida que ahora lleva el nombre del aclamado cantautor en la comuna de Estación Central.

La iniciativa original planteaba modificar el nombre de Las Rejas. Sin embargo, ocho años más tarde y con solo un voto en contra, el concejo municipal de la comuna decidió cambiar la denominación de un tramo de Ecuador, el que se extiende desde Libertador Bernardo O’Higgins
hasta Padre Alberto Hurtado, como avenida Víctor Jara.

Pero no es la única calle del sector que ha cambiado de nombre. A las modificaciones más conocidas, como Alameda de Las Delicias o General Velásquez, se suman otras como Bernal del Mercado, que en 1999 pasó a llamarse Obispo Manuel Umaña, o Schachtebeck, que en 2011 recibió la denominación del emblemático rector de la Universidad Técnica del Estado, Enrique Kirberg.

La misma avenida que ahora lleva el nombre del cantautor chileno y ex docente de la UTE, de hecho, se emplaza en un tramo de la avenida que, antes de homenajear las relaciones entre Chile y Ecuador, recibía el decimonónico nombre de Chuchunco.

Negocios y propiedades

Pero este histórico hecho genera efectos desconocidos en la ciudadanía. Ernesto Ponce, un microempresario del sector y que trabaja hace más de 20 años en la zona, asegura que la modificación sí traerá complicaciones.

"Afecta en el negocio, en todo; cambiar boleta, patente, hacer trámites y, como estamos en pandemia, es difícil hacerlos… Hay que ir a la municipalidad, cerrar nuestro negocio, hacernos un tiempo y, como están las cosas, está difícil", lamenta.

Pero no todos los locatarios tienen esa misma visión. Algunos que llevan más tiempo desempeñándose en el sector conocen de estos cambios y desestiman que el impacto en su rubro sea mayor. Sin embargo, reconocen que la modificación no es inocua, ya que deben notificar el cambio de nombre ante el Servicio de Impuestos Internos (SII), producto que las boletas que emiten periódicamente llevan inscrita la antigua dirección.

“Hoy, todo es electrónico, así que hay que cambiar en el sitio web del Servicio la dirección, para que en el portal aparezcamos con la corrección y debida dirección actualizada, lo que no tiene ningún problema. No se va a perder ningún documento”, considera Ramón Piña, dueño de
Copylandia, quien lleva más de 40 años trabajando en el lugar.

Visión similar tiene Andrés Fernández, ciudadano peruano que se instaló con un emprendimiento en la avenida hace dos años. El dueño del Almacén Tito y Tita, nombre del negocio que administra junto a su esposa, comenta que, luego de haber conversado con su contador, se convenció de que el trámite para cambiar la dirección es sencillo.

“No hay que pagar un adicional. Es como cambiar los datos e información de un perfil. No es un proceso complicado. Solamente, demanda tiempo”, afirma.

Al respecto, el SII sí tiene habilitada en su sitio web una opción para modificar la dirección comercial o profesional entregada al momento de dar aviso de inicio de actividades por parte de contribuyentes de primera y segunda categoría de la Ley de la Renta, es decir, empresas y prestadores de servicios profesionales.

No obstante, el abogado Felipe Lizama reconoce que, cuando se producen estas situaciones, la regla general es que las personas o no hagan mucho o, derechamente, no hagan nada, porque no ven ningún efecto en la modificación.

El académico de la Universidad de Santiago explica que las sanciones no son demasiado severas para quienes no realizan este cambio, pero recomienda que los documentos que se emitan reflejen exactamente la realidad de las cosas.

Lizama sostiene que la no modificación de la dirección sí podría traer consecuencias más visibles para quienes desean vender una casa. 

“Si usted no lo hace y quiere vender la propiedad, cuando se haga el estudio de título para saber si la propiedad es suya o los papeles están conformes a derecho, el primer reparo que le saldrá es que se está vendiendo una propiedad en una calle que ya no existe y, por lo tanto, usted tendrá que regularizar ese proceso antes de poder vender su propiedad”, anticipa.

Para regularizar esta situación, los interesados deben acudir a la Dirección de Obras de la municipalidad correspondiente, a fin de solicitar un certificado de número.

Simbolismo y reparación

El arquitecto y experto en transporte urbano, Rodrigo Martin, destaca que la modificación del nombre de Ecuador por Víctor Jara tiene un simbolismo importante para el sector. Dicho simbolismo parece repercutir en efectos prácticos. Por ejemplo, tanto la Municipalidad de Estación Central como la Usach, cuyo campus se encuentra limitado al sur por esta avenida, reconocen que el cambio de denominación dará impulso a proyectos para mejorar y embellecer la arteria capitalina.

“No queremos que sea solo un cambio de nombre, sino que, efectivamente, la calle se transforme
en un polo cultural y artístico”, asegura el rector de la U. de Santiago, Juan Manuel Zolezzi.

“No queremos que sea una calle que esté descuidada, oscura, queremos invertir en este sector para tener una calle que sea iluminada y así poder entender que es parte de nuestro patrimonio. Queremos establecer una ruta patrimonial Víctor Jara por los distintos sectores donde estuvo el artista”, agrega Felipe Muñoz, alcalde de Estación Central.

Estos cambios de nombre también buscan la reparación de la memoria. Un caso emblemático fue el que involucró a la ex calle 11 de septiembre, en 2013. La iniciativa terminó trascendiendo a los
vecinos de la comuna, transformándose en un tema de interés nacional y culminó con la denominación de avenida Nueva Providencia.

Así lo relata el historiador y docente de la Universidad de Chile, Sergio Grez, miembro del colectivo Ciudadanos por la Memoria. “Tres años más tarde -en 2016-, logramos que la calle Almirante Gotuzzo, en las cercanías del Palacio de La Moneda, que homenajeaba la memoria del primer ministro de Hacienda de la dictadura pinochetista, fuese reemplazado por el de la insigne educadora Amanda Labarca”, destaca.

El académico considera que el cambio de Ecuador por Víctor Jara es “justo y necesario”, pero lamenta que otras villas, plazas o símbolos en Chile aún rindan homenaje a dictadores y violadores de Derechos Humanos, como la estatua del almirante José Toribio Medina o la villa Presidente Pinochet, en la comuna de El Bosque.

“Las dificultades que hacen que el avance en la consecución de los objetivos de desmonumentalización y erradicación de este tipo de signos sea lento, encuentran su explicación en muchos factores, siendo los que más pesan, en lo que al período dictatorial 1973 a 1990 se refiere, los componentes implícitos de los pactos de transición y la debilidad de las convicciones democráticas de quienes, disponiendo de elementos de poder, han hecho oídos sordos, han mirado hacia el lado y no han acogido de manera efectiva el clamor sanador de numerosaspersonas y organizaciones”, concluye.

Autores nota: Cristobal Melendez Martin, María Jose Sandoval Nuñez y Cristóbal Miranda Ríos.

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