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Ansiedad: El preocupante legado que deja la pandemia

El metaanálisis canadiense de la Universidad de Calgary alertó, en agosto de este año, que un gran porcentaje de jóvenes y mujeres están sufriendo una crisis mental a nivel mundial, debido a la pandemia del coronavirus.

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  • Belén Muñoz

  • Viernes 12 de noviembre de 2021 | 10:38

"Tengo miedo constante a todo. Entonces, que venga una pandemia tan contagiosa y peligrosa hizo que, literalmente, me encerrara y me preocupara aún más por mi familia. Era de las personas que no dejaba que mis papás y mi abuelo salieran tanto, ni a la feria ni a nada".

Pensamientos intrusivos, sensación de nerviosismo y peligro inminente; estómago apretado, temblores en el cuerpo y sudoración helada. Esos son parte de los síntomas que se repiten entre quienes reconocen sufrir cuadros de ansiedad. De hecho, A. R. (24) asegura que dichos síntomas empeoraron durante la pandemia, producto de la incertidumbre y el encierro.

De acuerdo a la revista de divulgación científica del Reino Unido The Lancet, los trastornos de salud mental experimentaron un aumento de 129 millones durante 2020, representando un crecimiento de 25% en los casos de ansiedad y depresión a nivel global.

La investigación, realizada entre los meses de enero de 2020 y 2021, contó con las cifras de 204 países durante la pandemia del Covid-19 y arrojó un aumento de 76,2 millones específicamente en los casos de ansiedad, con especial énfasis en las mujeres y jóvenes.

Misma situación dio a conocer la Unicef en conjunto con Gallup. Un estudio realizado en Latinoamérica mostró que uno de cada cinco jóvenes afirmó sentirse deprimido o con poco interés para hacer planes. La investigación hizo hincapié en el avance de la pandemia, las medidas de confinamiento y la incertidumbre que ha provocado este período, estimando enormes consecuencias para la salud mental y bienestar de niños y jóvenes, donde prevalecerían los casos de ansiedad y depresión.

“Todo comenzó en mi infancia, debido al acoso escolar reiterado que recibí. Comencé a tener ataques de pánico y desarrollé una depresión que me acompaña hasta el día de hoy. Recibí tratamiento psicológico y psiquiátrico, aunque, luego de unos años, me di de alta, ya que me sentía bien -entre comillas- y, además, porque no podía seguir costeando el tratamiento”, explica A. R.

Diagnosticada con ansiedad generalizada, cuenta que sus síntomas reiniciaron en invierno de 2020, punto más crítico de la pandemia en Chile. “He tenido pensamientos intrusivos y fatalistas respecto a situaciones cotidianas que puedo estar haciendo, como viajar en el Metro, juntarme con mucha gente o estar en el supermercado. Hace muy poco, comencé a juntarme con mis amigas y siempre llevo cosas para limpiar todo y mantenerme lejos de la gente lo más posible. Sí, soy consciente de que es bastante dañino, pero, de a poco, voy acostumbrándome a retomar mi vida con este virus”, reconoce.

El psiquiatra y decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la Usach, Humberto Guajardo, señala que los cuadros de ansiedad suelen generarse ante situaciones donde la persona se siente amenazada o percibe que algo malo puede pasar. En ese sentido, estima que la pandemia ha amplificado esa sensación de incertidumbre.

“Para el ser humano, mantenerse en incertidumbre es perder el control de la vida y de las circunstancias. Por lo tanto, el no poder manejar el curso de nuestra vida, como habitualmente lo hacemos, nos produce angustia. Las restricciones, el teletrabajo y el aislamiento social se han identificado como un factor causal. Esto puede ser porque son trabajos rutinarios y el aislamiento social nos impide contar aquello que nos pasa o apoyarnos en otra persona. Por lo tanto, eso facilita la angustia”, señala.

Aislados de todo

Para A. M. (29), el teletrabajo en pandemia es el principal factor del cuadro de ansiedad que padeció. Con el aumento del estrés, los despidos de la empresa por la situación económica del momento y la extensión de sus jornadas laborales, señaló que la reducción de su tiempo y el encierro le provocaron más de una crisis que no había experimentado antes.

“De vez en cuando, tiritaba solo y me costaba dormir. Los domingos eran un martirio. Eran, prácticamente, como una bomba de tiempo”, relata. 

Para A. M., su principal red para poder socializar, encontrar apoyo en sus cercanos y apaciguar la situación fueron las redes sociales, pero apuntó a este mismo factor como otro detonante de su cuadro, por el exceso de noticias falsas y otras informaciones sobre la pandemia que le causaron miedo y, por lo mismo, un efecto negativo en su salud mental.

La psicóloga del Centro de Atención Psicológica de la U. de Santiago, Marcela García- Huidobro, explicó que la ansiedad, en sí misma, es “adaptativa”. Sin embargo, puede adquirir ribetes mayores, caracterizada por malestares físicos, dolores corporales, falta de concentración, preocupaciones constantes y alteraciones tanto en la alimentación como en el sueño.

“La pandemia ha generado un contexto donde han cambiado todas las claves de seguridad que les otorga la cotidianeidad a las personas. El que tú salgas, hagas ciertas actividades y sepas más o menos qué es lo que viene, qué es lo que vas a hacer, cuáles son tus objetivos, tus sentidos y cómo va a funcionar el entorno y el contexto en el que te desenvuelves da una seguridad que no sólo es laboral y económica, sino que, también, relacional, vincular y afectiva, y te da una confianza epistémica de que las cosas van a resultar”, indica.

Debido a la ausencia de esas condiciones, como consecuencia de los confinamientos obligados por la pandemia, fue que A. M. se sintió obligado a renunciar a su trabajo y buscar ayuda psicológica. No obstante, aún continúa en su búsqueda. 

“Nunca supe cómo combatir la ansiedad correctamente. Trataba de hacerlo viendo series, saliendo de vez en cuando y no fui lo suficientemente valiente para ir a un psicólogo o un psiquiatra a tiempo. Actualmente, no hay ninguna hora disponible. Es muy complicado en ese sentido y eso me dice que hay mucha gente con la misma necesidad, porque no hay horas para nada. Es un poco frustrante querer tratar de salir del hoyo y no poder, por temas de factibilidad”, lamenta.

Trasciende la pandemia

A. P. (48) lleva en teletrabajo desde el comienzo del confinamiento y, aunque admite como una “ventaja” poder trabajar desde su casa, señala que sus cuadros de ansiedad se intensificaron por el aumento de la carga laboral y por tratar de compatibilizarla con el cuidado diario de su madre, que se encuentra postrada.

“Antes, trabajaba 40 horas semanales. Ahora, estoy trabajando 30 horas extra a la semana, porque ya no tengo horario en mi trabajo. Eso ha sido bien problemático, ya que mi jornada dura hasta las dos o tres de la mañana. Tampoco siento que descanso porque, con las
tareas domésticas más la pega, siento que no se puede”, critica.

Diagnosticada con ansiedad un par de años antes de la pandemia, mantuvo sus cuadros bajo control con algunas pastillas, pero indicó que, al momento en que sus síntomas empeoraron, retrasó la ida al médico por miedo a contagiarse de Covid-19. Luego, se encontró con la escasez de horas disponibles.

“Recién en septiembre de este año pude ir. Además de la ansiedad, me dieron licencia por estrés y cansancio excesivo. El hecho de haber estado encerrada hizo que fuera aumentando”, asegura.

Un documento del Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales de la Universidad Católica ya advertía estos efectos. Específicamente, en la carga laboral de las mujeres, en agosto del año pasado. Con el confinamiento, dió cuenta de que ellas destinaban 8,2 horas en promedio semanales sólo a tareas asociadas al hogar y a la crianza, sin contar el tiempo destinado a su trabajo.

La psicóloga García-Huidobro enfatiza que esto viene ocurriendo desde antes de la pandemia y la trasciende. “Las mujeres, por un tema de género, constantemente han estado más expuestas a presiones y estrés. Por lo tanto, el hecho de que estén hoy más afectadas, con mayores índices de ansiedad y depresión, es coherente con esta mirada de género, por la distribución de roles”, puntualiza.

“Es una realidad que, también, viven mis amigas y compañeras de trabajo con sus propios hijos”, cuenta A. P. “No puedo complementar el cuidado con alguien profesional que se haga cargo de mi mamá, así que debo hacerlo sola”, sostiene.

Lo que se viene

Guajardo, psicoterapeuta integrativo, insta a recurrir no sólo a los programas de salud mental que hay en centros de salud familiar en poblaciones y a psicólogos que, transitoriamente, apoyen estos cuadros de angustia y ansiedad.

“Generalmente, uno está pensando en programas dirigidos a la salud mental, pero hay que considerar que hay muchos programas que tienen que ver con deporte, educación, con la
posibilidad de juntarse con más personas y la mayoría de las municipalidades tiene un centro cultural con una gama importante de cursos. Por ello, es aconsejable utilizarlos, por cuanto van a facilitar la distracción y el compartir las inquietudes con otras personas”, aconseja.

El Plan Nacional de Salud Mental del Ministerio de Salud fue elaborado a partir de una Encuesta Nacional en 2017. La primera cuarentena en el país se decretó el 25 de marzo de 2020. La psicóloga García-Huidobro enfatiza que, pese a los planes, los medios para apoyar la salud mental siempre han sido “insuficientes” y que se requiere una actualización, de acuerdo con los últimos sucesos ocurridos en el país, producto de la pandemia.

“La brecha -demanda de atención en salud mental versus la cobertura- está desde antes de la pandemia y se ha acrecentado durante esta época. Hay listas de espera de uno a seis meses. Los controles también son muy aislados en el tiempo y hacen que las intervenciones no sean efectivas. Por lo tanto, estamos muy al debe con la respuesta como política pública frente al problema de la pandemia y no estamos dando todas las instancias que se deberían requerir para una situación tan crítica como la que estamos viviendo”, concluye.

Reportaje realizado por: María José Sandoval y Cristóbal Miranda

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